sábado, 21 de febrero de 2015

La Iglesia es Una. Para Francisco parece que no.

El Papa puede equivocarse. No es ninguna novedad. Nadie puede ignorar que en sus palabras incluya gustos, opiniones, posturas, experiencias, estudios, reflexiones que le son propias. El Espíritu Santo no convierte a las personas en ventrílocuos que repiten dictados mentales especiales. Cuando uno habla, habla desde lo que es. 
Si tiene la conciencia moral formada y recta, mejor.
Si de sus estudios y formación puede hacer su propia síntesis que sea fiel a los autores originales mínimamente comprendidos, mejor, aún incluyendo su propio parecer.
Si hablamos de la interpretación de la Sagrada Escritura, si uno confía y no se aparta de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, cualquiera puede estar seguro de que su enseñanza coincide con la de la Iglesia.
El Papa Francisco cerró la Semana de la Oración por la unión de los cristianos con estas palabras:
"Muchas controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud polémica o apologética,  y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une, es decir, la llamada a participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a través del Espíritu Santo. La unidad de los cristianos –estamos convencidos– no será el resultado de refinadas discusiones teóricas, en las que cada uno tratará de convencer al otro del fundamento de las propias opiniones. Vendrá el Hijo del hombre y todavía nos encontrará discutiendo. Debemos reconocer que, para llegar a las profundidades del misterio de Dios, nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos bajo la guía del Espíritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos, reconcilia las diversidades...
Por obra del Espíritu, nos hemos convertido en uno con Cristo, hijos en el Hijo, verdaderos adoradores del Padre. Este misterio de amor es la razón más profunda de unidad que une a todos los cristianos, y que es mucho más grande que las divisiones que se han producido a lo largo de la historia. Por esta razón, en la medida en que nos acercamos con humildad al Señor Jesucristo, nos acercamos también entre nosotros...
El compromiso común de anunciar el Evangelio permite superar toda forma de proselitismo y la tentación de la competición. Todos estamos al servicio del único y mismo Evangelio..."

Francisco deja separadas la razón de la fe: basta de teorías, apologética, o misión. Basta de dar razones de la propia fe. Ignorando que la fe católica es distinta a la fe de un luterano, pentecostal, bautista, mormón o lo que sea. Donde tampoco la Iglesia ha sido culpable de muchas de las divisiones que han alejado y hasta promovido la creación a gusto de sus pastores de miles de sectas evangélicas. Sectas que compiten con un proselitismo feroz hacia la propia Iglesia.
Es lamentable que el Papa anteponga sus preferencias ecuménicas y opciones doctrinales laxas y confusas cuando habla de la Iglesia y de su misión, a la que identifica prácticamente con el resto de las comunidades eclesiales (aunque no todas las sectas evangélicas o pentecostales puedan incluirse en ese término).
Que la Iglesia Católica, comprada al precio de la sangre de Cristo, sea rebajada y confundida con cualquier creencia cristiana separada de la unidad de fe que pidió Cristo, es denigrarla.
Si el Papa, que tantas veces comparó a la Iglesia con María, habla así de la Iglesia, fomentando un ecumenismo confuso y rastrero, puede llevar al error a muchos. Y no está para eso. Aunque él se arrodille, no tiene porqué hacer arrodillar a la Iglesia.

jueves, 19 de febrero de 2015

Divide y vencerás

Estoy preparando dos próximas entradas para el blog. A los lectores, disculpen las tardanzas y espero comentarios (sean positivos o no). Gracias.
Una será (impostergable) sobre la homilía del Papa a los nuevos cardenales, aquella en la que sostuvo que "El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre". Y cuidado del que se escandalice de mi, parece decir el Papa. Si bien algunos comentaristas las relacionan directamente con las intervenciones que el mismo Francisco prepara para la siguiente etapa del sínodo, no deja lugar a dudas en sus próximos pasos. De un lado nosotros, los misericordiosos, y del otro ustedes, escandalizados, retrógrados, conservadores y tradicionalistas. La Iglesia no está para condenar, sí existe para llevar a los hombres a Dios, hacer presente a Cristo, formar en la recta conciencia, educarnos para vivir en la Verdad y el Amor. Cada uno se condena por sí mismo, si no elige el bien y le da la espalda a Dios. Y hoy quien parece alejar de Dios a muchos y escandalizar abiertamente no es otro que quien está sentado en la cátedra de Pedro. Devaluada y venida a menos. Y fomentando la división. Y ésto es de su propia cosecha, no es jesuita. 
La otra entrada será sobre el cierre de la semana de oración por la unidad de los cristianos, donde el difuso ecumenismo que el Vaticano II inició con la diluyente doctrina sobre la Iglesia, encuentra en Francisco su cumplimiento soñado.
Ya hay algunos valientes que empiezan a gritar al pasar el Papa, como en el Traje del Emperador, que va paseando desnudo.
Una perla:
Aunque se lo puede aplicar al actual, ésto opinaba Indro Montanelli hace 15 años:

«En una conversación con Juan Pablo II en su apartamento privado (…) Comprendí o creí comprender que este Papa dejaría tras de si una pila de escombros: Los de la estructura jerárquica y piramidal de la Curia Romana. Ahora, me parece comprender que esta intuición vagamente catastrófica pecaba si, por defecto; que lo que el Papa Juan Pablo II dejará detrás, no son solo las ruinas de la Curia Romana sino las de la Iglesia, al menos de la que nosotros hemos estado acostumbrados durante dos mil años a considerar tal, y que llevamos, nosotros, laicos, en la sangre». (Indro Montanelli – Corriere della Sera, 9 de marzo de 2000).

jueves, 29 de enero de 2015

La fe católica frente a lo no-católico [3]: el riesgo de la ambigüedad

La fe católica, a través del tiempo y del estudio de los evangelios, ha ido formando su Tradición, cuya imagen puede ser válidamente la de un río, con un cauce y un sentido, dirigido a conocer la presencia de Dios en el mundo a través de su revelación en Jesucristo, donde los márgenes del río señalan aquello en lo que la fe católica consiste y se desarrolla, diferente de aquello donde deja de ser católica, cuando se desborda y sale del curso del río.
En sus formulaciones, la fe es muy clara y sin ambigüedades. Que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios es una verdad de fe. Si afirmo que Jesús sólo tenía una apariencia humana, que fue sólo un gran profeta, que es un avatar de Dios, me alejo de la verdad y en el error.
La fe, estudiada por los Padres de la Iglesia, por ejemplo ha dado grandes obras de teología, que consiste en una explicación racional de la fe en Dios, en la Santísima Trinidad, en la Iglesia.
Cada uno puede cuestionar su propia fe. Preguntarse qué quiere decir. Una respuesta a ello es el Catecismo, o aquellas intervenciones del Magisterio para cuestiones específicas.
El Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, pidió a los jóvenes de Argentina "no licuar la fe". Licuar la fe, hacerlo aquello que la fe no es, es sinónimo de hacerla no- católica, salirse del cauce y de la dirección de ese río que nos entrega la Tradición de la Iglesia.

Y sin embargo...
El Papa Francisco también ha intervenido repetidas veces sobre el tema de la fe. En su Evangelii Gaudium, en relación a la Evangelización, habla específicamente de algunos aspectos de esta cuestión:
  • "Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina. "(11)
  • "Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia."(35)
  • "A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo. De ese modo, somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia. Ése es el riesgo más grave."(41)
  • "No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo."(129)

Aunque éstas cuestiones señaladas por el Papa sean referidas a la metodología en la evangelización o en la transmisión de la fe, siendo desde este aspecto válidas, lo que se deja entrever detrás de ellas es una toma de posición negativa y contraria respecto a la formulación de la fe en doctrinas, fórmulas o palabras, de las cuales la Iglesia misma tiene una experiencia y una enseñanza de casi dos mil años. 
Aquí, a diferencia de la gravedad del escándalo para la vivencia y adhesión a la fe, se manifiesta una actitud peyorativa respecto a una formulación de la fe clara y madurada, dejando al libre arbitrio de quién sabe qué interlocutor (quizá el mismo Papa se siente llamado a ésto), proclamar o revolucionar con esa "constante creatividad divina" que nos desafía con sus novedades.


Las cuestiones más cuestionadas a la Iglesia
Hay una serie de tópicos que desde hace décadas (en particular desde el Vaticano II) se vienen usando de ariete para derrumbar numerosas certezas de la fe y de la moral que ya están definidas y reafirmadas por el Magisterio, como la anticoncepción, el celibato de los sacerdotes, el divorcio, la comunión a los divorciados, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto, la eutanasia, la ideología de género, etc.
El Papa Francisco, cuando se ha manifestado públicamente sobre alguno de estos temas (no todos) ha afirmado que lo esencial seguirá como es hasta ahora.
Pero en muchos de sus gestos particulares, entrevistas, comentarios y acciones no parece apartarse de la mentalidad relativista que se presenta hoy en la cultura. En su ambigüedad manifiesta, nunca ha dejado en claro sus intenciones o pensamiento. Ha dejado, en cambio, muchas dudas en el camino.

Si leemos su discurso en la clausura del Sínodo sobre la familia (2014) esta postura se ha declarado abiertamente y sin dudas, cuando en su análisis de las tentaciones referidas al abordaje de la situación de las familias y de los matrimonios en especial, su primer (y más larga) crítica se dirige hacia aquellos que tienen certezas (de la fe) y que han sido una oposición notable para los planes de, al menos, quienes fueron puestos por el Papa para organizar el Sínodo:

  • "una: la tentación del endurecimiento hostil, es decir, el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos aún aprender y alcanzar. Desde los tiempos de Jesús, es la tentación de los celantes, los escrupulosos, los diligentes y de los así llamados —hoy— «tradicionalistas», y también de los intelectualistas.
  • La tentación del buenismo destructivo, que en nombre de una misericordia engañadora venda las heridas sin antes curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causas y las raíces. Es la tentación de los «buenistas», de los temerosos y también de los así llamados «progresistas y liberales».
  • La tentación de transformar la piedra en pan para romper un ayuno largo, pesado y doloroso (cf. Lc 4, 1-4), y también de transformar el pan en piedra y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (cf. Jn 8, 7), es decir, transformarlo en «cargas insoportables» (Lc 11, 46).
  • La tentación de bajar de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer allí, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en lugar de purificarlo y conducirlo al Espíritu de Dios.
  • La tentación de descuidar el «depositum fidei», considerándose no custodios sino propietarios y dueños, o, por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando una lengua minuciosa y un lenguaje pulido para decir muchas cosas y no decir nada. Los llamaban «bizantinismos», creo, a estas cosas..."
"El Dios de las sorpresas" para Francisco, que pareciera esperarnos con "nuevas certezas" en el camino que emprende de la Iglesia a partir del Sínodo. Pero esta búsqueda de novedades, este salir de las propias certezas, de aquellos escrupulosos o intelectualistas que el Papa descalifica, no deberían dejar de tener en cuenta una certeza que se verá al final de este año 2015 en la segunda etapa del Sínodo: 

Así advierte el Papa Francisco a los Padres Sinodales, por si quedaba duda:
"Por lo tanto, la Iglesia es de Cristo —es su Esposa— y todos los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, tienen la tarea y el deber de custodiarla y servirla, no como padrones sino como servidores. El Papa, en este contexto, no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor, el «servus servorum Dei»; el garante de la obediencia y la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la Tradición de la Iglesia, dejando de lado todo arbitrio personal, incluso siendo —por voluntad de Cristo mismo— el «Pastor y doctor supremo de todos los fieles» (can. 749) y también gozando «de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata e universal en la Iglesia» (cf. cann. 331-334)."

Estamos advertidos. Si hay cambios, o si se impidiesen esos cambios, el Pastor y doctor supremo de TODOS los fieles, es el Papa. El mismo que tiene la potestad SUPREMA, PLENA, INMEDIATA Y UNIVERSAL. El mismo que nos advierte sobre licuar la fe.

miércoles, 28 de enero de 2015

La fe católica frente a lo no-católico [2]: la gravedad del escándalo

El escándalo significa (literalmente) poner un obstáculo, una piedra, en el camino del otro.
Jesús lo condenó firmemente ("Ay del que escandalice a uno de estos pequeños...") y la Iglesia desde su tradición lo ha asociado al escándalo de la fe: el que otro, con sus acciones o afirmaciones, haga doblegar o caer en la propia fe, pudiendo incluso hasta arriesgarse a perderla. Muchas veces este escándalo pasa también por poner a prueba la propia fe.
El escándalo viene nombrado numerosas veces tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.
El mismo Papa Francisco lo ha asociado a la incoherencia del cristiano, aquél que va a misa o reza pero no da testimonio, llegando a decir que "el escándalo mata" o que "el escándalo destruye la fe".
En la Evangelii Gaudium lo nombra en relación al trabajo y a que las divisiones entre cristianos de Asia y África escandalizan a los evangelizados.
Lo que creo que está en juego en este momento eclesial, donde el pensamiento no-católico parece estar ganando terreno, es justamente la prueba por la que la misma fe está enfrentando: que muchas palabras, acciones u omisiones del Papa Francisco escandalizan lisa y llanamente a numerosos católicos (me incluyo).
Es decir, el Papa se ha declarado "hijo de la Iglesia", hasta el momento no ha negado ningún dogma básico (abiertamente), nadie puede negar que sus audiencias de los miércoles son aceptablemente ortodoxas... pero muchas veces hasta aquí llega su proclamada (y denunciada) necesidad de coherencia.

El Papa puede recibir a quien quiera (la presidenta Kirchner todas las veces que quiera, políticos, sindicalistas, artistas, empresarios), algunos de ellos más impresentables que otros, pero está en su derecho. Sea Maradona, Porsche o la Harley Davidson.
Puede reunirse las veces que quiera con pentecostales, rabinos, imanes, luteranos, budistas, hinduístas, etc., en su búsqueda interreligiosa. Nadie se lo puede impedir. 
Puede llamar por teléfono las veces que quiera y hablar con quien fuera, trascendiendo alguna de estas veces (las peores) y sin duda hablará más veces de las que nos enteramos (para mejor). 
Puede dar entrevistas con el periodista que quiera, fijarse si transcriben bien en sus respuestas o si le hacen decir cosas que no dijo, y expresarse como le venga en gana. 
Puede también elegir o no qué países visitar, preparar viajes, volverse antes si hay un tifón y reunirse con quién quiera en cada visita. Nada que objetar. 
Puede al final del Sínodo (etapa 2014) sobre la familia recordar a los obispos que la última palabra la va a tener él, porque para eso lo eligieron Papa, y tiene, a su manera, razón. 
Puede escribir una encíclica sobre la fe a cuatro manos (aunque las manos que escribieron más fueron de otro) y si quiere, preparar una sobre la ecología, tema tan urgente para la Iglesia. 
Puede escribir en la "Evangelii Gaudium" (si la escribió él) que "el tiempo es superior a espacio" y todo eso que sólo él entiende, y todo bien.
Si a los cardenales de la Curia les enrostra sus quince enfermedades en la cara y se va tan contento, él sabrá porqué lo hace cuando los humilla de esa forma pública.
Todo eso puede porque es el Papa, nos guste o no.

Ahora, el drama es que cuando el Papa Francisco= Jorge Bergoglio hace la mayoría de las cosas que enumeré antes, y las va a seguir haciendo, escandaliza.
Y escandalizar es grave. Él también lo reconoce. Pero no se si se da cuenta de lo que hace.

Escandaliza con sus palabras, sus gestos, sus homilías en Santa Marta, sus condenas, sus ataques, sus obsesiones, sus entrevistas (en vuelo y en tierra), sus silencios repetidos sobre los católicos perseguidos, su "mediática" humildad y sencillez, su ambigüedad en muchos temas, su afán de complacer al público al que se dirige aunque luego se contradiga.

En este punto, no es un problema de fe, sino de escándalo.
Que puede hacer perder la fe.
Y el Papa lo sabe. En teoría. Quizás en la práctica no se da cuenta que lo hace. Y se lo han dicho en alguna de estas cuestiones. O debería darse cuenta solo. O no se lo dicen, alguno de los obsecuentes que lo rodean.
Es grave. Para la fe. Para la Iglesia.

martes, 27 de enero de 2015

La fe católica frente a lo no-católico [1]

En las últimas semanas viene dándose un fenómeno peculiar, que consiste en que desde varios blogs y páginas relacionadas con la fe católica aparecen frecuentemente analizar la distinción que existe entre lo católico (doctrina, moral, liturgia) de todo aquello que, aún queriéndose mostrar como tal, directamente no es católico y se aleja mucho de lo sustancial, con una fachada confusa y tramposa.
Decía Chesterton que "un error es una verdad que se ha vuelto loca", y creo que detrás de muchas de esas posturas tiene razón el escritor inglés.
En la entrada anterior sostenía que estamos en una época peculiar, donde la doctrina, el culto y la autoridad en la Iglesia está siendo "revolucionada" en palabras de algunos, defendidas por otros y con un gran número de católicos de a pie que somos espectadores de tires y aflojes, de enroques, de contradicciones y de ciertas situaciones que confunden y ensombrecen el panorama eclesial.
La fe católica, fruto del encuentro entre Dios y el hombre, entre la gracia y el misterio y la razón, es clara, está expresada abiertamente (el Credo es un ejemplo) y tiene razones para ser comprendida y aceptada, con ayuda de la gracia, para sostener la verdad. Por eso, es que hay expresiones que se corresponden con la fe católica y otras que francamente no. Por ejemplo, si el Vaticano II sostiene que la fe de la Iglesia es la religión verdadera, decir lo contrario no es justamente verdadero, ni católico.
Pero estas cuestiones están en duda hoy. La búsqueda de novedades, el no dejar encerrada la verdad, el plantear hipótesis o nuevas respuestas a cuestiones ya aclaradas repetidas y fundadas veces a los mismos asuntos, parecen poner en duda la certeza que nos da la fe.

[ Si lo vemos desde el estudio de las Sagradas Escrituras, el método histórico crítico y la mitología han venido desde dos siglos poniendo en duda las certezas dadas en la Revelación de Dios, en cuya cumbre encontramos la Revelación completa y definitiva en Cristo. Esas "sospechas" sobre las Escrituras las vemos hoy patentes y actuando en muchos biblistas y exégetas "católicos" que ponen en duda la historicidad de los evangelios, a pesar de todas las intervenciones del Magisterio en los últimos siglos. El ejemplo mayor de esta falsedad bíblica la presenta "Jesús, Aproximación histórica" de José Pagola. No niega ningún dogma cristológico, pero sostiene que de los evangelios no se puede extraer ninguna certeza histórica concreta, porque los evangelios han sido creados y armados artificialmente por los seguidores de Jesús.]

lunes, 26 de enero de 2015

La fe de la Iglesia apremia

Este blog tiene como objeto comentar ciertos aspectos eclesiales de la fe en nuestro tiempo presente, pero considerando que la situación de la Iglesia, aún con todas las garantías dadas por la asistencia del Espíritu Santo, vive un momento particular. Como ya aclaré antes, ni soy sedevacantista, ni tradicionalista, menos que nada progresista o neocon, mi referencia es el Catecismo (el de 1992) y, aún respetando y valorizando el Magisterio anterior al Vaticano II, no esperen que cite al Syllabus o a Trento, aunque considere que muchos de esos escritos tienen una novedad y una valentía que hoy no se ven en la Iglesia.
Si hablamos de fe, parrafraseando el nro. 815 del Catecismo, podemos afirmar que nuestra fe católica tiene tres particularidades que la hacen única y que, al que quiera y tenga la gracia, dan respuestas a toda la búsqueda que el sentido religioso tiene inscrito en nuestros corazones, en cuanto al sentido de nuestra vida y de nuestra felicidad: Jesucristo es la respuesta total al anhelo de verdad, justicia, belleza y bondad que el corazón busca. Y esta respuesta está presente y actuando en la Iglesia, la Iglesia Católica, la única que tiene la totalidad de los medios para nuestra salvación.

Esas tres características son:
- una fe en común, explicitada en una doctrina clara y sin ambigüedades, desde los tiempos apostólicos, que fue profundizándose desde los Padres de la Iglesia, los Apologetas, los Doctores, y patentizada en el testimonio de los Santos y los Mártires.
- una vida donde los gestos de amor de Jesús nos llegan a través de los Sacramentos.
- una autoridad que custodia el Depósito de la fe, que fue dada por Jesús a los Apóstoles y a Pedro, autoridad continuada sin interrupción en la historia en la persona de los Obispos y del Sumo Pontífice.

Es por todo ésto que este blog habla en particular de la fe vivida hoy en la Iglesia. En este momento que, a grosso modo, los esperados frutos del Año de la Fe convocado por Benedicto XVI pareciera que se han diluído y no han madurado. Y lo que siempre sostengo, si alguien como Benedicto había convocado a toda la Iglesia a revivir, conocer y experimentar la fe, siendo uno de los intelectuales de Occidente más profundo y más preparado, es porque realmente el problema de la pérdida de fe es enorme. La fe católica, y con ella la Iglesia, sobrevive en un tiempo donde quizás, como también dijera el Cardenal Ratzinger hace más de 30 años, quedarán relativamente pequeños grupos de católicos que puedan experimentar más profundamente su fe y su testimonio de una forma que sólo Dios podrá saber.

Y si tenemos en cuenta esas tras características de la fe, podemos decir en este momento particular que:
- la fe como doctrina está siendo atacada, desprestigiada, inoculada por un discurso pragmático, "pastoral", donde sólo importan "las novedades del Espíritu", donde la fe se nos presenta como un corset ajustado que no deja espacio para la "creatividad" o las "nuevas preguntas o hipótesis" para poder vivirla. Lamentable.
- la vida sacramental está siendo ninguneada, reducida a un moralismo barato, donde "cumplir" es contrario al discernimiento que las novedades nos regalan, donde una "misericordina" en grageas licúa el valor sacramental de cada gesto litúrgico, donde "las contadoras de rosarios, los pelagianos, los rigoristas, los nuevos fariseos hipócritas" parecen ser el denominador común de los que frecuentamos la Iglesia, por no decir fundamentalistas. Lamentable también.
- la autoridad apostólica está ahora representada por un Sumo Pontífice que muchas veces dice las cosas que sus interlocutores quieren escuchar, aún contradiciéndose permanentemente, buscando un ecumenismo rastrero donde la identidad católica se rebaja, desarrollando un magisterio de bajo vuelo, donde una entrevista vale tanto como una homilía improvisada o unas críticas despiadadas tanto a simples laicos como a cogotudos curiales. Resintiendo obviamente tanto la fe y la doctrina como la vida sacramental arriba citada. Si en un momento Francisco pidió a los jóvenes "no licuar la fe", en la práctica las manifestaciones, "gestos", intervenciones y reportajes "aéreos" del actual Papa están funcionando como una verdadera trituradora de lo que significa ser católico, en su totalidad.
  • Me gustaría hacer un blog sobre la Biblia, pero desconfío cuando la instrumentalizan y la reducen a una lectura protestante y ajena al Magisterio riquísimo y profundo de la Iglesia. Me hartan biblistas y exégetas que exponen sus falencias de fe en artículos paupérrimos. Sin ir mas lejos, en La Hojita del Domingo que se distribuye en las parroquias de mi tierra, editada por Paulinas, un tal Aderico Adolzani ssp, se da el lujo de "sospechar" que uno de los que siguieron a Jesús luego que Juan el Bautista lo señalara como el Cordero de Dios, podría ser el autor del evangelio (el otro es Andrés).
  • Me gustaría hacer un blog sobre Cristología, viendo que hoy la presencia de Cristo en la Iglesia se ve opacada, obnubilada, descartada frente a "este Papa" que viene a revolucionar la Iglesia con sus gestos y sus habilidades comunicacionales. Sostenido por una banda de obsecuentes que les importa más Francisco=Bergoglio que la figura del Papa en sí, que debería cuidar al rebaño antes que atosigarlo, alejarlo, confundirlo y juzgarlo sin misericordia alguna. Recomiendo siempre los tres tomos de "Jesús de Nazaret" de Benedicto XVI, quien haciendo tiempo de los pocos ratos que disponía, encaró su última obra sabiendo que nuestro conocimiento y amor a Jesús está siempre a prueba.

En fin. me gustaría estar menos distraído por este tipo de cuestiones, pero creo que el momento apremia. Hace rato que me lo vengo planteando y ahora lo pongo en palabras. Aunque Francisco sea el Papa que los Cardenales y el Espíritu Santo han creído necesario para este momento, no quiere decir que la Iglesia no siga sufriendo pruebas y persecuciones, nadie puede negar que los daños a la Iglesia pueden ser más fuertes y perniciosos cuando son dados desde dentro de ella que desde fuera, que Dios puede sacar bien aún del mal más perverso (me queda para otra entrada comentar el hecho que el mismo Papa no tenga respuesta a esta cuestión, quizás por estar más cerca de los aplausos y las luces de la popularidad que del Calvario y la Cruz). Puede ser que debamos ser probados en nuestra fe, pero con la certeza que Dios no nos dejará solos y así la fe podrá ser acrecentada. Estas situaciones apremian. Seguiremos entonces.


Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
(2 Cor 8-11)


Santa Teresa vale un viaje

El Papa ha comunicado que no viajará a España para celebrar el 5to Centenario de Santa Teresa de Jesús.

Parece que visitar en Caserta por un día para ver a sus amigos pentecostales (debiendo luego anticipar un viaje relámpago para que los católicos no se sientan defraudados) o ir al Parlamento de Estrasburgo y volver en unas horas (tampoco visitando la Catedral del lugar) es más importante que otras actividades o salidas. Se podría armar en una sola jornada la celebración y darle tiempo al Papa de volver a tiempo para la cena.
Tampoco vendrá a Argentina este año, para no entrometerse en la vida política del país... luego de haber recibido a todos los políticos, sindicalistas, presidenta, artistas, deportistas, etc. de toda laya y color.
Pero si tendrá tiempo de visitar Bolivia, donde seguramente con el líder politico- religioso Evo Morales tendrá tiempo de venerar a la PachaMama, la Madre- Tierra, cuyos seguidores han entronizado a Morales como un pseudo-sacerdote de las religiones animistas de aquél país.
Lamentable lo de España. Considerando que hoy Europa es también periferia para la Iglesia y siempre tierra de misión.